ADIÓS, HERNANDO... (19... – 2015, 22 de
diciembre)
Se fue Hernando, podría
decir escuetamente. Sin embargo me pregunto cuántos Hernandos marcaron mi
formación y mi profesión de espíritu salvaje que recorre a 24 cuadros por
segundo mi memoria de cineasta y demás enseres del cine. Todos los Hernandos
del cine colombiano fueron tan determinantes, tan necesarios, tan únicos, que
pude compartir con ellos desde diferentes latitudes la luz encendida de las
pantallas para luego volver a apagarla y recordarla con la memoria, la pasión que
cada uno de ellos me dejó. El último de ellos se fue dentro de un adiós
silencioso, parecido al recordado y amado Charles Chaplin, en el EL CIRCO al final de la cinta donde se
desaparece, dejando sobre nosotros la sombra en la tierra en el lugar que ocupó
la carpa, indicando que el espectáculo ya terminó y esperando la palabra fin. Si, Hernando Martínez Pardo, se despidió. Fue el último de los
Hernandos formadores de una generación que se atrevió con todas las vicisitudes
a ser diferentes y dejar legados en las formas de enseñar, escribir, criticar y
ver el cine: Hernando Téllez, compartió la escritura y la crítica, Hernando
Valencia Goelkel, en la crítica y el ensayo de la revista MITO, Hernando
Salcedo Silva, haciendo parte del cine club de Colombia, de la Cinemateca
Colombiana y desde la radio y el último de los mohicanos, Hernando Martínez
Pardo desde la historia del cine colombiano, y de sus sabatinos cursos de cine
con sus inolvidables anécdotas que complemento
con la docencia.
Graduado en filosofía en la
Universidad Javeriana de Bogotá, decide viajar a Roma, Italia a especializarse
en Análisis Histórico y Teoría Cinematográfica. Su regreso le permite
contravenir las normas establecidas hasta ese momento en la precaria historia
del cine nacional con su texto canónico Historia del Cine Colombiano, editado
por Editorial América Latina en 1978 y complementado por los trabajos de
Hernando Salcedo Silva, Crónicas del Cine Colombiano y de Umberto Valverde, Reportaje
crítico al Cine Colombiano. Al tiempo que inicia su trayectoria sabatina con
los cursos de interpretación y análisis cinematográfico en la Cinemateca
Distrital de Bogotá conjuntamente con Margarita de la Vega Hurtado y Gustavo
Ibarra Merlano. Y allí mis recuerdos sobre Hernando se hacen más latentes. Conozco
a Bergman, a Woody Allen y a muchos más que nos formaron en estas mañanas de
sábados para terminar corriendo por la cartelera de cine clubes de Bogotá, en
las largas tardes de sábado, hasta
terminar escuchando otro punto de vista en el cine club de Colombia donde el
otro Hernando, Salcedo Silva nos contaba al Truffaut de “Ella, Julio y Jaime”
desde su imaginación porque se habían robado el primer rollo y podíamos
entender que el cine era tan grande como lo habíamos imaginado.
“Yo sé algo de cine… y
quería que otros supieran lo mismo…” porque le interesaba poner él en practica
su experiencia de Italia cuando conoció a los teóricos no marxistas como
Cristian Metz, Jean Mitry, Andre Bazin y Georges Sadoul. Con el tiempo y sus innumerables
años de docencia encontró una definición sobre la cual trabajo de manera
simultánea con el desarrollo de lo que definió como “el enfoque del cine” y su
gran obsesión: los géneros cinematográficos los cuales definió y justifico
perfectamente en su trabajo de televisión para RCN y Producciones PUNCH.
Con este conocimiento
desarrolló dentro de su llamado problema del enfoque, la idea clara del tipo de
espectador del cine colombiano, definiendo dos clases de espectadores el que
denominó ESPECTADOR EMPÍRICO y ESPECTADOR MODELO, sobre la que trabajó a la par
de lo genérico “como una categoría sustantiva para el publico” . Su trabajo
docente se complemento en la parte ejecutiva de la televisión nacional, donde
el realizado Lisandro Duque quien se inició desde los comentarios de cine
decide dirigir una versión de la obra de Jorge Isaac, LA MARIA para televisión
con asistencia de Gabriel García Márquez y trabajo ejecutivo de Hernando Martínez
Pardo.
La vida parece una gran
función de cine, donde las diferentes funciones del día se convierten en
conocimiento y años de experiencia, quien fuera mi maestro de análisis inicial
del cine, se convirtió en mi colega de clases de cine en la Universidad del
Rosario durante muchos años, los cuales puede compartir, y discutir dentro de
las circunstancias de su método que fue adquiriendo nuevos directores como
Stanley Kubrick, Robert Bresson y Theo Angelopolus. Era una búsqueda de
respuestas, que tenía muchas interpretaciones.
Una de ellas fue la
coincidencia de su defensa por la obra de Gustavo Nieto Roa, concretamente EL
TAXISTA MILLONARIO, “que no es Bergman, ni Dreyer, ni Tarkovski. Es genero… códigos
sobre el imaginario colectivo…” Todos estos elementos se complementaron al
escucharlo decir “la historia del cine colombiano es muy rica en géneros, sin
imaginarios el publico culto no entiende los contenidos.”.
Luego de este largo adiós,
solo nos queda decir que la arcadia del cine colombiano que conocí con Hernando
Martínez Pardo para fundar Arcadia va al cine, gracias a sus cursos y descubrir
Arcadia todas las noches de Guillermo Cabrera Infante un sábado de 1978, donde
deje de ser aficionado, es el motivo para agradecerle todas sus piezas fundamentales,
brillantes y lucidas que me iniciaron en esta larga noche que me obliga a decir
adiós Hernando, la función apenas comienza en la eternidad, sin horario y con
un telón gigante donde todos nos encontraremos para esa función final donde la
vida no se apaga simplemente dice adiós, sigo vivo en la, memoria del cine...
the end.
Augusto Bernal Jiménez
Blackmaria Escuela de Cine
/2015