jueves, 24 de diciembre de 2015


ADIÓS, HERNANDO... (19... – 2015, 22 de diciembre)

Se fue Hernando, podría decir escuetamente. Sin embargo me pregunto cuántos Hernandos marcaron mi formación y mi profesión de espíritu salvaje que recorre a 24 cuadros por segundo mi memoria de cineasta y demás enseres del cine. Todos los Hernandos del cine colombiano fueron tan determinantes, tan necesarios, tan únicos, que pude compartir con ellos desde diferentes latitudes la luz encendida de las pantallas para luego volver a apagarla y recordarla con la memoria, la pasión que cada uno de ellos me dejó. El último de ellos se fue dentro de un adiós silencioso, parecido al recordado y amado Charles Chaplin, en el EL CIRCO al final de la cinta donde se desaparece, dejando sobre nosotros la sombra en la tierra en el lugar que ocupó la carpa, indicando que el espectáculo ya terminó y esperando la palabra fin. Si, Hernando Martínez Pardo, se despidió. Fue el último de los Hernandos formadores de una generación que se atrevió con todas las vicisitudes a ser diferentes y dejar legados en las formas de enseñar, escribir, criticar y ver el cine: Hernando Téllez, compartió la escritura y la crítica, Hernando Valencia Goelkel, en la crítica y el ensayo de la revista MITO, Hernando Salcedo Silva, haciendo parte del cine club de Colombia, de la Cinemateca Colombiana y desde la radio y el último de los mohicanos, Hernando Martínez Pardo desde la historia del cine colombiano, y de sus sabatinos cursos de cine con sus inolvidables anécdotas  que complemento con la docencia.

Graduado en filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá, decide viajar a Roma, Italia a especializarse en Análisis Histórico y Teoría Cinematográfica. Su regreso le permite contravenir las normas establecidas hasta ese momento en la precaria historia del cine nacional con su texto canónico Historia del Cine Colombiano, editado por Editorial América Latina en 1978 y complementado por los trabajos de Hernando Salcedo Silva, Crónicas del Cine Colombiano y de Umberto Valverde, Reportaje crítico al Cine Colombiano. Al tiempo que inicia su trayectoria sabatina con los cursos de interpretación y análisis cinematográfico en la Cinemateca Distrital de Bogotá conjuntamente con Margarita de la Vega Hurtado y Gustavo Ibarra Merlano. Y allí mis recuerdos sobre Hernando se hacen más latentes. Conozco a Bergman, a Woody Allen y a muchos más que nos formaron en estas mañanas de sábados para terminar corriendo por la cartelera de cine clubes de Bogotá, en las largas tardes de  sábado, hasta terminar escuchando otro punto de vista en el cine club de Colombia donde el otro Hernando, Salcedo Silva nos contaba al Truffaut de “Ella, Julio y Jaime” desde su imaginación porque se habían robado el primer rollo y podíamos entender que el cine era tan grande como lo habíamos imaginado.

“Yo sé algo de cine… y quería que otros supieran lo mismo…” porque le interesaba poner él en practica su experiencia de Italia cuando conoció a los teóricos no marxistas como Cristian Metz, Jean Mitry, Andre Bazin y Georges Sadoul. Con el tiempo y sus innumerables años de docencia encontró una definición sobre la cual trabajo de manera simultánea con el desarrollo de lo que definió como “el enfoque del cine” y su gran obsesión: los géneros cinematográficos los cuales definió y justifico perfectamente en su trabajo de televisión para RCN y Producciones PUNCH.

Con este conocimiento desarrolló dentro de su llamado problema del enfoque, la idea clara del tipo de espectador del cine colombiano, definiendo dos clases de espectadores el que denominó ESPECTADOR EMPÍRICO y ESPECTADOR MODELO, sobre la que trabajó a la par de lo genérico “como una categoría sustantiva para el publico” . Su trabajo docente se complemento en la parte ejecutiva de la televisión nacional, donde el realizado Lisandro Duque quien se inició desde los comentarios de cine decide dirigir una versión de la obra de Jorge Isaac, LA MARIA para televisión con asistencia de Gabriel García Márquez y trabajo ejecutivo de Hernando Martínez Pardo.

La vida parece una gran función de cine, donde las diferentes funciones del día se convierten en conocimiento y años de experiencia, quien fuera mi maestro de análisis inicial del cine, se convirtió en mi colega de clases de cine en la Universidad del Rosario durante muchos años, los cuales puede compartir, y discutir dentro de las circunstancias de su método que fue adquiriendo nuevos directores como Stanley Kubrick, Robert Bresson y Theo Angelopolus. Era una búsqueda de respuestas, que tenía muchas interpretaciones.

Una de ellas fue la coincidencia de su defensa por la obra de Gustavo Nieto Roa, concretamente EL TAXISTA MILLONARIO, “que no es Bergman, ni Dreyer, ni Tarkovski. Es genero… códigos sobre el imaginario colectivo…” Todos estos elementos se complementaron al escucharlo decir “la historia del cine colombiano es muy rica en géneros, sin imaginarios el publico culto no entiende los contenidos.”.

Luego de este largo adiós, solo nos queda decir que la arcadia del cine colombiano que conocí con Hernando Martínez Pardo para fundar Arcadia va al cine, gracias a sus cursos y descubrir Arcadia todas las noches de Guillermo Cabrera Infante un sábado de 1978, donde deje de ser aficionado, es el motivo para agradecerle todas sus piezas fundamentales, brillantes y lucidas que me iniciaron en esta larga noche que me obliga a decir adiós Hernando, la función apenas comienza en la eternidad, sin horario y con un telón gigante donde todos nos encontraremos para esa función final donde la vida no se apaga simplemente dice adiós, sigo vivo en la, memoria del cine... the end.


Augusto Bernal Jiménez
Blackmaria Escuela de Cine /2015